martes, 18 de mayo de 2010

EL FUTURO INCIERTO DE LA AMAZONIA PERUANA
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Por: Marc Dourojeanni*
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Nunca se tuvo esperanza que la Amazonia del Perú tuviese un futuro mejor del que se prevé para el resto de la Amazonía. Pero nada hacía posible imaginar que podría ser peor, hasta que se hizo una recolección e interpretación de las informaciones dispersas y contradictorias que cada sector público anuncia en sus presentaciones, sus documentos oficiales y en medios electrónicos. Esa revisión demostró inequívocamente que la Amazonia peruana confronta una avalancha sin precedentes de propuestas y de decisiones sobre infraestructuras públicas y explotación de recursos naturales que serían implantadas entre los años 2010 y 2021, que no guarda relación con la poca información de que dispone la sociedad que no tuvo la oportunidad de discutirlas. La falta de transparencia es causa principal de los graves conflictos sociales que cada vez con mayor intensidad se producen en la Selva peruana.

La información compilada, a pesar de no ser exhaustiva, confirmó plenamente el supuesto de que la Selva, después de siglos de abandono o de atención esporádica, es ahora un foco de atracción para inversionistas. Nunca antes en su historia se habían concentrado tantos proyectos. Entre estos destacan 52 centrales hidroeléctricas, de las que 26 están propiamente en la Amazonía, incluidas las más grandes como las previstas en los ríos Marañón, Ene e Inambari. Por lo menos dos de ellas deberían ser construídas durante la próxima década, incluidas sus líneas de trasmisión. La procura por hidrocarburos, que ya asoló principalmente el norte de Loreto, se expande ahora a más del 70% de la Selva y eso puede aumentar. Ya existen 7 lotes con contratos de explotación activos. La minería abarca más de 10 millones de hectáreas de la cuenca amazónica en forma de derechos titulados y la que se desarrolla propiamente en la Selva ya es importante en Amazonas y San Martín. De otra parte, la explotación aurífera informal que ya reviste características trágicas en términos sociales y ambientales en Madre de Dios, está en plena expansión. Las carreteras son una pieza esencial del desarrollo ya que de ellas depende la viabilidad de explotación de la mayor parte de los recursos naturales. Ya existen unos 8,000 km construidos y el gobierno nacional prevé hasta 2021 la construcción de 880 km adicionales, el asfaltado de 2,089 km y la mejoría de otros 1,517 km sin incluir en estas sumas las carreteras interoceánicas Sur y Norte. Pero es probable que se hagan muchas otras obras viales en el futuro mediato, entre ellas la Interoceánica Centro (Pucallpa-Cruzeiro do Sul). También está prevista la construcción de unos 4,200 km de hidrovías y de varios miles de kilómetros de hasta 7 ferrovías, tres de las cuales serían conectadas al sistema brasileño. En el sector agrario, con el pretexto de contribuir a reducir la dependencia del país de combustibles fósiles y atenuar el efecto invernadero se propone el establecimiento de casi medio millón de hectáreas de plantaciones para biocombustibles y, en el rubro forestal, ya están concedidas 7.7 millones de hectáreas para explotación de madera formal pero la actividad informal cubre prácticamente toda la Selva.

Impactos previsibles

Es evidente que no todas esas obras y proyectos serán ejecutados en el plazo de una década. Pero, dada la buena coyuntura macro-económica del Perú y el demostrado interés de los inversionistas extranjeros es probable que gran parte sea materializada. Cuando se revisan las implicaciones ambientales y sociales de cada proyecto individualmente, los que corresponden a cada sector y, todos ellos en su conjunto, la magnitud y gravedad de los impactos ambientales y sociales razonablemente previsible son inmensos. Lo serían aún en el caso de que solamente entre un tercio y la mitad de las propuestas sea realmente realizado en el lapso de la próxima década.

Los impactos ambientales principales serían la deforestación (puede alcanzar de 25 a 40% de la región en 2041) por cambio de uso de la tierra para usos agropecuarios, mineros, petroleros, forestales y lagos artificiales y, la degradación de los bosques (entre 56 y 91% de la región en 2041); la pérdida drástica de elementos del patrimonio biológico natural; la contaminación de suelos y aguas por agroquímicos diversos, secuelas de la explotación de hidrocarburos y de la minería, residuos urbanos e industriales; la alteración del régimen hidrológico amazónico tanto por represamientos como por la alteración del ciclo hidrológico por la deforestación; un aumento drástico de la contribución del Perú al fenómenos de cambio climático por emisiones de CO2 y de otros gases por deforestación y por lagos artificiales y, entre muchos otros, la radicalización de procesos erosivos insidiosos y violentos especialmente en la Selva Alta.

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* ANALISTA. COAUTOR DEL LIBRO “AMAZONÍA PERUANA 2021”.

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