miércoles, 16 de octubre de 2013

NUESTRA EDUCACIÓN DE FARÁNDULA
 
Por: Elmer Antonio Torrejón Pizarro

 
En el último ranking del Foro Económico Mundial, el Perú se ubica en el puesto 84 en cuanto al desarrollo educativo; es decir, nos alojamos como los peores en Sudamérica en Educación. Es más, nuestro Índice de Capital Humano refleja que estamos ubicados en el último tercio de Latinoamérica, para ser precisos en el puesto 75 de 122 países, obviamente superados por “países competencia” de la región como Chile, Uruguay, Brasil y México.
Por otro lado, últimos indicadores de ranking de universidades en el mundo, muestran que ni siquiera aparecemos con un Centro Educativo Superior, entre las 500 universidades mejor rankeadas; es más, ninguna de nuestras universidades figuran entre las 20 mejor posicionadas de América Latina, si solo evaluamos las universidades de nuestra región.
Algo está pasando con nuestra educación, que históricamente se ha convertido en un problema estructural que nos reta a dar soluciones multidimensionales; llámese en el aspecto nutritivo, de salud, bienestar laboral, servicios básicos, entorno familiar, reformas educativas, etc. El hecho lamentable es que durante las últimas décadas, los diferentes gobiernos de turno han mantenido el gasto (mejor resalto Inversión) en educación alrededor del 3% del Producto Bruto Interno (PBI), a pesar que necesitamos como mínimo el 6% de nuestro PBI para hablar de un verdadero desarrollo inclusivo y sostenible de la educación en el Perú.
Como vemos en estos datos cuantitativos, ocupamos los últimos puestos en educación en Latinoamérica y la principal causa es tener un Estado débil que NO INVIERTE lo necesario en educación, si nos medimos en relación con otros países; más aun, tenemos un Estado desvirtuado, que no quiere afrontar esta problemática desde un punto de vista estructural. Esto nos hace un país “deslegitimado” en cuanto a capacidades y conocimientos de nuestro capital humano, y por ende rezagados al momento de “competir” con otros países de la región.
No podemos aspirar a ser país desarrollado, si nuestro Capital Humano convive con estos indicadores educativos; si los niñ@s de Huancavelica o Apurímac, no retienen los conocimientos porque su Desnutrición Crónica Infantil está por encima del 30%; si mas del 60% de las familias de Condorcanqui, en Amazonas, no cuenta con servicios básicos como agua y luz para poder atender a sus niños y niñas en edad escolar.
Cómo mejorar la educación en nuestro país, si lamentablemente cada semana se crean universidades fantasmas que venden títulos al mejor postor; o rectores de universidades privadas que se asignan sueldos por más de dos millones de soles mensuales, dejando de invertir en la investigación y la educación de sus alumnos. Qué mejoras podemos lograr en educación, cuando el actual sistema educativo superior te permite obtener el título a través de un examen o un curso de dos meses, debidamente pagado; haciéndonos menos competitivos a nivel de región y desdibujando el carácter real de una universidad: la investigación.
Los datos cualitativos en cuanto a educación, como vemos, conviven con lo amoral. Porque educación no solamente se construye en el aula; educación se hace pragmáticamente también en la familia y la sociedad. Personalmente creo que la familia y los medios sociales de comunicación en el país, necesitan de una “reingeniería” para convertirse en dos pilares fundamentales que apoyen a la escuela en edificar, ese ansiado constructo llamado: Educación Peruana Sostenible e Inclusiva.
La realidad dura, lamentablemente nos da una cachetada y nos imbuye dentro de su sistema, mostrándonos que los niños, niñas y jóvenes en edad escolar y universitaria, están pendientes de medios de comunicación que deforman el sentido educador que deberían tener, al mostrar programas que colindan con la amoralidad y la “ignorancia” (cuando uso este término me refiero a la escases o limitados conocimientos, porque en el Canal de Televisión más visto de nuestro país, no existe una hora a la semana de un programa educativo o cultural) en su real dimensión.
Basta con observar estos programas juveniles, donde la farándula, hace de la “ignorancia”, una forma de vida. Donde es mas valioso la belleza del cuerpo, mas no así, la admiración al conocimiento; porque confundir a nuestro héroe del Combate de Angamos con el Libertador San Martín; es mostrar la ignorancia plena de un país que se forma y construye a partir de una EDUCACIÓN DE FARÁNDULA.
Que hacemos. Hay muchas cosas que hacer para mejorar la educación. En primer lugar se necesita de políticas decisivas que hagan de la educación el pilar fundamental para el desarrollo peruano. Es necesario aumentar el presupuesto en educación, que vaya más allá del 6% de nuestro PBI. Por otro lado debemos fortalecer e incentivar acciones público-privadas para hacer frente a las causas estructurales de nuestra problemática educativa, solucionando aspectos de inseguridad alimentaria, trabajo y salud, reforma educativa, servicios básicos, convivencia familiar y otros.
Propongo que es de suma necesidad una educación descentralizada e inclusiva, a través de un respaldo político-institucional, que haga viable el encuentro armonioso de las culturas a través del diálogo intercultural. En un país pluricultural, la descentralización educativa con una visión intercultural de conocimientos, responderá a la inoperante educación formal y homogénea que se imparte actualmente en la escuela.
Es necesario fortalecer a la familia en su papel de “educador de entrada o primera instancia”. Para ello necesitamos de una familia peruana responsable, armoniosa y con un conjunto de herramientas y capacidades para hacer de sus hijos, a través de la educación, pilares para el desarrollo futuro del país. Los medios de comunicación tienen que desatarse de esa parsimonia de vender solo “ignorancia” para hacer de sus empresas un negocio, a expensas de construir una sociedad amorfa y sin un sentido de desarrollo. En este mundo de la tecnología y la información necesitamos de medios de comunicación que eduquen y fortalezcan al capital humano.
La Educación de Farándula, no puede seguir siendo ese signo distintivo que “forme”, propicie conocimientos y de herramientas educativas a nuestros niños, niñas y jóvenes del país; porque estamos cometiendo un grave error que se acentuará en futuras generaciones. El desarrollo del país involucra reformular varios aspectos que envuelven el sistema educativo; pero más allá del trabajo de las instituciones; es necesario cambiar esa Educación de Farándula que gobierna en todo sentido a nivel de personas. Necesitamos iniciar el cambio desde nosotros mismos. La Educación Sostenible e Inclusiva es la gran herramienta que permitirá el despegue humano y económico en nuestro Perú.

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