domingo, 6 de junio de 2010

DESCENTRALIZACIÓN Y DIÁLOGO INTERCULTURAL PARA EVITAR FUTUROS "BAGUAZOS"

Por: Elmer Antonio Torrejón Pizarro


Hace un año la Región Amazonas sufrió un injustificable derrame de sangre de compatriotas peruanos (policías y nativos) y en ese momento escribí sobre la pobreza y exclusión en la que viven justamente los actores sociales y pueblos involucrados en el "Baguazo". (Ver: http://elmertorrejonpizarro.blogspot.com/2009/06/amazonas-se-desangra-quienes-son-los.html ). ¿Qué se ha hecho desde el Estado y la sociedad civil para que estos acontecimientos tristes de nuestra historia, no se vuelvan a repetir? Creemos todos que muy poco se está haciendo, por eso a través de este artículo propongo una nueva forma de intervención por parte del Estado y la sociedad civil para evitar futuros "Baguazos".

La descentralización en nuestro país es un proceso político, social, económico y cultural que debería llevarse a cabo a partir de preceptos conceptuales y teóricos que surjan de nuestra realidad palpante, escenificada a partir de los enfoques multiculturales y modelos geopolíticos diversos que se dan en nuestro país.

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En cada momento, nuestra realidad nos descubre el claro entorno pluricultural en el que nos movemos y desarrollamos, es por ello que la descentralización como un proceso que involucra a todos, debe de tomar en cuenta y revalorizar la cultura; pues solamente en la medida en que las culturas de nuestro país (amazónica, andina y afroperuana) refuercen su autoestima colectiva, veremos posible a través de la descentralización una relación de horizontalidad democrática y no de verticalidad dominante desde la cultura de la sociedad envolvente.

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La descentralización, a través de un respaldo político – institucional, debe hacer viable el encuentro armonioso de las culturas a través del dialogo intercultural descentralizado y no caer en situaciones lamentables en nuestro país tal como lo ocurrido ya hace un año con el llamado "Baguazo". Las identidades personales y comunitarias, que iremos redescubriendo con el proceso descentralizador, solo podrán sostenerse obedeciendo ese carácter de integración y síntesis que nacerá desde la descentralización, para ello deben de constituirse y afirmarse las culturas e identidades.

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Es decir, una convivencia que responda a las marginaciones y exclusiones de todo tipo, pero también que rompa el letargo de encapsularse en si mismas y por lo tanto de empobrecerse y sucumbir; para ello la descentralización debería “ofrecer” a la globalización, un espacio competitivo donde todos tengamos las mismas oportunidades y un camino equilibrado y democrático para el desarrollo de los “otros” excluidos y marginados.

La descentralización desde el enfoque de interculturalidad debe buscar impulsar a las culturas y no tanto rescatarlas o salvarlas para que sean revaloradas. Creemos que no es tanto una actitud de repliegue al pasado, sino de impulso al despliegue de las potencialidades de los pueblos excluidos en el presente y en el futuro.

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Creo que desde los diferentes sectores del Estado debemos impulsar el concepto de la pluralidad de racionalidades. Sería limitante para nosotros pensar que existe una sola racionalidad o un único orden lógico validos para toda la humanidad, en todos los espacios y tiempos existentes. Esta mala idea termina imponiendo ideologías o políticas que muchas veces conlleva a la desestructuración misma de la vida: la muerte de los policías y nativos en Bagua es clara muestra de esta involución del Estado en ciertos espacios y momentos.

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Nuestra tarea en el proceso de descentralización es buscar los vasos comunicantes entre las diversas racionalidades, y creo que todavía en nuestro Perú no entendemos o implementamos plenamente este canal democrático, que busca justamente el conocimiento y reconocimiento de las potencialidades (llamémoslo diversidad cultural, ecológica, agropecuaria, etc) de los pueblos, dentro de un área geográfica y humana diversa. A mi parecer, necesitamos políticas y programas sociales y culturales que impulsen la inclusión y respeto de los otros, basándose conceptualmente desde la óptica de la interculturalidad, como un desafió para el desarrollo del país en su conjunto, del país como un todo. Es urgente la creación de un Ministerio de la Cultura, en este país con inmensas potencialidades culturales.

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Esperamos que a través de la descentralización se busque el reconocimiento de las diferencias, no como un limitante para con este proceso, sino como recursos potenciales para el desarrollo integral del país. Los vasos comunicantes responden a la construcción de un espacio de dialogo intercultural, primero entre las diversas culturas, segundo entre éstas y el Estado y tercero con la cultura envolvente.

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La descentralización debe significar el motor propiciante del dialogo intercultural, para no caer en otro "Baguazo". Descubrir la naturaleza dialógica de la conciencia humana, del lenguaje, de la cultura y las relaciones sociales debe de ser uno de sus mas grandes desafíos, porque el discurso dialógico representa la base para las relaciones democráticas en una sociedad, relaciones de dialogo democráticas que involucre la participación y el consenso de “nosotros” y los “otros” dentro de un orden democrático y respeto a la vida.

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En este espacio radica uno de los pilares valorativos del proceso de descentralización que el Estado debe fortalecer; y descubrir la naturaleza dialógica de la conciencia humana, del lenguaje, de la cultura y las relaciones sociales, debe ser uno de los más grandes desafíos que debemos trazarnos como país al momento de intervenir en nuestras comunidades campesinas y nativas.

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El Estado a través del desarrollo de capacidades debe impulsar el concepto de la pluralidad de racionalidades por medio de la descentralización; es decir, buscar los vasos comunicantes entre las diversas culturas y sociedades del país.

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El desarrollo de capacidades debe implicar por lo tanto conocer las diversas formas de expresión y pensamiento que tienen los diferentes grupos sociales en un determinado focus territorial de acción. Solo de esta manera miraremos le descentralización como un verdadero proceso inclusivo, democrático y humano, buscando la implementación de oportunidades equilibradas para todos los peruanos.

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Por ello esta nueva propuesta busca romper con la utopía tradicionalmente concebida como propuesta política o social que ha prescindido de esa necesaria dimensión intercultural para la inclusión y desarrollo de los más pobres.

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Con esta nueva dimensión, el Estado buscará reconocer las diferencias que hay en nuestros campos de intervención, para que de esa manera se construya un espacio de dialogo intercultural, primero entre las diversas culturas, el Estado y la cultura envolvente.

Por último, la rica y variada condición humana de nuestro país, no queda bien definida por las alternativas de una vida hedonista o activa o contemplativa, si previamente no entendemos como país que estamos meramente relacionados con los “otros”, ensayando de diversas maneras responder a la interpelación del otro, ajeno y exótico para nuestros ojos occidentales.

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Desde este punto de vista, el Estado y su nueva herramienta de desarrollo de capacidades, tiene que estar preparado para responder a las interpelaciones de los pueblos más alejados y excluidos. Se tiene que tener una respuesta consistente, construida interculturalmente, para no caer en el ostracismo del pasado excluyente e inequitativo, para no caer en hechos lamentables tal como ocurrieron hace un año en Bagua - Amazonas. Este es el nuevo reto que tiene nuestro país con este nuevo enfoque intercultural del desarrollo de capacidades para un proceso descentralizador incluyente y democrático.

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